Bev Ditsie nació en Soweto en 1971 y es un referente en el activismo, el cine, la música, la interpretación y la producción de televisión. Ha sido una figura clave en la defensa de los derechos LGTBIQ+ en Sudáfrica y otros países, y una de las primeras personas negras queer de Sudáfrica en declarar públicamente su identidad en plena era del apartheid. Éste fue un gesto de enorme valentía personal en un contexto marcado por la violencia, la criminalización y la exclusión que abrió caminos para muchas otras personas condenadas entonces al silencio.
Su liderazgo emergió desde muy joven como cofundadora de GLOW (Gay and Lesbian Organisation of the Witwatersrand), organización clave en la articulación del movimiento LGBTIQA+ sudafricano. Desde allí impulsó una lucha interseccional que unía la resistencia contra el apartheid con la defensa de las mujeres negras, las personas queer y las omunidades marginadas. En 1990 encabezó la primera Marcha del Orgullo de Johannesburgo, un hecho histórico que reunió a centenares de personas y abrió el camino a futuras movilizaciones por la igualdad en África y el mundo.
En 1995, Ditsie hizo historia al convertirse en una de las primeras mujeres negras lesbianas
en dirigirse abiertamente a las Naciones Unidas durante la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín. Allí denunció la violencia, la invisibilización y la discriminación sufridas por lesbianas de todo el mundo, reclamando que los derechos LGBTIQ+ fueran reconocidos como derechos humanos universales. Su intervención marcó un hito global en la representación política de las diversidades sexuales. Su incidencia política fue decisiva en la consolidación democrática de Sudáfrica.
Junto a otres activistas, contribuyó a que la Constitución de 1996 incluyera la protección frente a la discriminación por orientación sexual, un avance sin precedentes a escala nternacional. Además, formó parte del impulso social que desembocó en la despenalización de las leyes de sodomía en 1998, fortaleciendo así el marco de libertades y derechos del nuevo país.
Su compromiso social también alcanzó la lucha contra el VIH/SIDA, promoviendo la concienciación pública y el acceso a tratamientos antirretrovirales en momentos críticos para Sudáfrica. Este tema tiene un lugar destacado en su primera obra audiovisual de alcance internacional, el documental Simon and I (2002), codirigido con Nicky Newman. Se trata de una obra fundamental para preservar la historia del activismo queer sudafricano y rendir homenaje a Simon Nkoli. Además, ha desarrollado una trayectoria artística en la música, la danza y el cine como herramientas de cambio cultural, poniéndolas al servicio de la comunidad y la memoria. Así lo hace en The Commission – From Silence to Resistance (2007) o en Lesbians Free Everyone – The Beijing Retrospective (2020), donde recoge, 25 años después, los testimonios del encuentro en la ONU en 1995.
Reconocer a Bev Ditsie con un premio honorífico significa reivindicar a une pionere que ha transformado marcos normativos e interpelado leyes, conciencias e imaginarios colectivos. Es una trayectoria que convierte el dolor en coraje, la exclusión en esperanza y la memoria en futuro, y que sigue construyendo un legado vivo de resistencia, justicia social y emancipación.